lunes, 7 de septiembre de 2015

despierta, sueño.

Al final, y sin decir un rotundo adiós,
has dejado que te engañe la niebla,
cayendo en su profundo abismo
y en su tremendo odio.

Ya no sé ni dónde girar la cara
cada vez que no quiero ver tu rostro,
imaginarte.

Hay días que el intento de no recordar lo que sueño
es demasiado inútil;
mejor dicho,
procurar hacer como que no trasnocho
es
pretender engañar
al pequeño mounstro interior que saca un detalle tuyo
en cada momento que cierro los ojos.

Que no sepas donde me pierdo,
no quiere decir
que no sepas donde me encuentro,
donde me refugio,
y eso,
eso lo saben muy pocos...
Así que,
si me pierdes,
búscame,
porque aunque me marche
seguiré queriendo volver.

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