domingo, 24 de mayo de 2015

¡Sé un poco más valiente!

Basta de evitar lo inevitable y de callarme lo que siento.
Basta de té y autoengaño, siempre me llevan al mismo sitio de siempre.

He vuelto a donde empezó todo, y créeme que me sigue removiendo por dentro. Está más bonito, cambiado; sigue oliendo a ti. Sonrío como una imbécil por no llorar volviendo a recordar días que tal vez ya no vuelvan, recordando tu sonrisa caprichosa. No creo que haya mejor sensación que la que sientes cuando quien quieres te hace cosquillas en la espalda, pedorretas en la barriga, te arrastra con ganas, te abraza con fuerza y te besa las heridas haciendo intento de curarlas aunque no tenga ni puñetera idea de cómo lograrlo y, aún así, se deje la piel por ello. Creedme que, si no le habéis visto bailar sin música después de una guerra, reírse a carcajada limpia, de esas que dices "joder que guapo está cuando sonríe de verdad"; fliparse en el espejo, intentar hacerte reír cueste lo que cueste, sostener la rabia acumulada en sus ojos, verle con sus peores caras, con sus heridas totalmente al descubierto..., no habéis visto la perfección en vida. Le he visto reír y llorar, enfadarse y desenfadarse, dejarse la vida por lo que más quiere, despreciarse y quererse... y todavía sigue diciendo que es un cobarde. He observado sus cicatrices y sus peores miedos y, joder, que quiero quitárselos, quiero que valga la pena, que no le tenga que pedir que se quede. Ya pensaremos en qué pasará mañana, lo que importa es ahora, sobre todo cuando tienes razones para volver a donde eres feliz; porque creía que ibas a demostrar tus palabras, pero en cambio vuelves. Sólo te queda lanzarte a este precipicio que acojona porque no se ve el fondo, (pero recuerda que estaré a tu lado si te abalanzas sobre él).

1 comentario:

  1. Para valerse, hay que ser, y para eso, hay que pensarse.

    El burlador de Las Cocuizas.

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