viernes, 24 de abril de 2015

Veintitrés de abril con impotencias.

Sentada en la cama y mi música de fondo. Un día de disfraces y ebriedad buscándonos como locos, como lobos... Entre tanta gente, nos encontramos aunque estaba todo a oscuras y ambos íbamos cegados por el alcohol, aún así nos reconocimos, y decidí poner fin a una etapa para echarle cojones a otra, contigo. Desaparecí sin dejar rastro hasta que tropezamos de nuevo. Te calé en el primer momento en el que me atreví a mirarte a los ojos. Tan inseguro como seguro a la vez, con una coraza impresionante intentando ocultar lo que de verdad eres... Quién sabe qué me hizo tener ese descaro para hablar de más y que tú sólo soltaras una sonrisa (ésa que devuelve las ganas de todo).
(te estoy echando de menos)
Puede ser que no creas en las casualidad, yo sí, y en ese momento fuiste una de las mejores (como el número en el portal). Me jode darme cuenta de cómo pueden cambiar las cosas, las casualidades, tan rápido; cómo el miedo puede descomponer a alguien por completo... No me digas que tú no has descubierto horizontes, conmigo, que hasta entonces creías imposibles. Confía en mí, te sigo porque creo que todavía hay algo. Arriésgate, como yo lo hice aquel día sin decir nada, aquel día y durante este pequeño tiempo. A pesar de los laberintos de los que hemos conseguido salir; qué más da si no es fácil, las mejores cosas no lo son; qué importa si discutimos de vez en cuando, la mejor parte de todas viene después sacando bandera blanca; qué importa si termina saliendo mal o acabamos mal, al menos, habremos disfrutado todo este tiempo y le habremos echado cojones juntos, porque ninguno podemos hacerlo por separados. No pienses que te dejo ir queriendo, si no para ver si así me echas de menos y vuelves, o yo que sé.

Pd: Quédate. Sonríeme. Porque mientras lo hagas nada parece tan malo.