domingo, 22 de marzo de 2015

Tóxico con garras.

No hay mayor odio que el que florece cuando sientes algo y no sabes el qué, sólo una simple sensación apática...

Me gusta abrir la ventana,
poner la poesía de sus labios a todo volumen
y sentir el 'insensible' aire gélido que entra por la ventana.
Me gusta sentarme y escribir porque duele,
y no me refiero a ti,
insinúo el tormento que dejaste con tus garras.
Abandonaste tu marca, tóxica.
Puedo recordar mil cosas,
a ti por ejemplo (aunque ya no tanto,
porque hace tiempo me di cuenta
de que eras agonía y no merecías crecer más en mi),
recuerdo la primera vez que nos vimos,
enanos,
y te desconozco en la última vez.
Puedo guardarte cariño pero no odio,
al menos ya no
porque aunque fueses vida
eres muerte...

Me despido desde lejos,
sin beso ni aviso;
me marcho y no volveré;
me separo,
porque ya no me reconozco;
me homenajeo,
por darme más oportunidades;
celebro el no tener miedo a penas,
y me desprendo del pasado
(guardando pequeños detalles
y algún que otro momento)
y de todo este cariño,
porque ahora
volverá a ser distante.

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