martes, 17 de febrero de 2015

No te odies por quererme, por querernos así.

No preguntes, ni contestes a nada de lo que empiece a pronunciar.
No sonrías sin razón, no vuelvas a sonreír por mí.
No te acerques, no te alejes mucho.
No disfrutes, no estés triste fuera de mí.
No me odies por quererte, no odies por quererme.

Tan sólo hazte a un lado y dejame volar como no lo hago desde hace tiempo, pero tampoco me dejes muy libre para perderme más de lo que me has perdido. Nacimos para luchar y nunca habia visto una lucha tan cruel como la nuestra. Que si duele jode, y si jode te rompe; yo ya no es que esté rota, estoy destrozada y sin remedio... Te has llevado todas mis fuerzas, ya no me quedan más para seguir construyendo momentos destructivos. Nos hemos caido, levantado; nos hemos dejado de hablar, no hemos podido estar sin hablar ni un segundo; nos hemos dejado, nos hemos dado mil oportunidades; nos hemos querido y, sobre todo, odiado... Explicame tú como bebo mis cervezas sin acordarme de dos mil ciento trece razones, sin acordarme de tu sonrisa, de tus dos hoyos marrones...; que si bebo es para ahogarme y sólo me atrae más a ti con una brutal resaca. ¿Ahora quién cuida mis espaldas? 

Que difícil es echar de menos algo que nunca has tenido, 
que difícil este amor tan imposible,
que difícil verte ir,
que difícil volver a escribirte,
que difícil el amor que te convierte en espia,
que difícil morirse de celos sin poder,
que difícil...

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