lunes, 7 de septiembre de 2015

despierta, sueño.

Al final, y sin decir un rotundo adiós,
has dejado que te engañe la niebla,
cayendo en su profundo abismo
y en su tremendo odio.

Ya no sé ni dónde girar la cara
cada vez que no quiero ver tu rostro,
imaginarte.

Hay días que el intento de no recordar lo que sueño
es demasiado inútil;
mejor dicho,
procurar hacer como que no trasnocho
es
pretender engañar
al pequeño mounstro interior que saca un detalle tuyo
en cada momento que cierro los ojos.

Que no sepas donde me pierdo,
no quiere decir
que no sepas donde me encuentro,
donde me refugio,
y eso,
eso lo saben muy pocos...
Así que,
si me pierdes,
búscame,
porque aunque me marche
seguiré queriendo volver.

domingo, 24 de mayo de 2015

¡Sé un poco más valiente!

Basta de evitar lo inevitable y de callarme lo que siento.
Basta de té y autoengaño, siempre me llevan al mismo sitio de siempre.

He vuelto a donde empezó todo, y créeme que me sigue removiendo por dentro. Está más bonito, cambiado; sigue oliendo a ti. Sonrío como una imbécil por no llorar volviendo a recordar días que tal vez ya no vuelvan, recordando tu sonrisa caprichosa. No creo que haya mejor sensación que la que sientes cuando quien quieres te hace cosquillas en la espalda, pedorretas en la barriga, te arrastra con ganas, te abraza con fuerza y te besa las heridas haciendo intento de curarlas aunque no tenga ni puñetera idea de cómo lograrlo y, aún así, se deje la piel por ello. Creedme que, si no le habéis visto bailar sin música después de una guerra, reírse a carcajada limpia, de esas que dices "joder que guapo está cuando sonríe de verdad"; fliparse en el espejo, intentar hacerte reír cueste lo que cueste, sostener la rabia acumulada en sus ojos, verle con sus peores caras, con sus heridas totalmente al descubierto..., no habéis visto la perfección en vida. Le he visto reír y llorar, enfadarse y desenfadarse, dejarse la vida por lo que más quiere, despreciarse y quererse... y todavía sigue diciendo que es un cobarde. He observado sus cicatrices y sus peores miedos y, joder, que quiero quitárselos, quiero que valga la pena, que no le tenga que pedir que se quede. Ya pensaremos en qué pasará mañana, lo que importa es ahora, sobre todo cuando tienes razones para volver a donde eres feliz; porque creía que ibas a demostrar tus palabras, pero en cambio vuelves. Sólo te queda lanzarte a este precipicio que acojona porque no se ve el fondo, (pero recuerda que estaré a tu lado si te abalanzas sobre él).

miércoles, 13 de mayo de 2015

Sonriendo a las heridas.

Ahora sólo eres causa perdida,
un recuerdo presente y pasajero,
una persona efímera.

No quiero que vuelvas,
en realidad,
la culpa es mía por creer en ti,
en tus formas, en tus caricias;
tal vez lo nuestro fue eso,
las ganas de liberarnos del insoportable pasado,
y que gusto darse cuenta de que ya no pesa,
ni tú ni lo que hubo antes.

He vuelto a ser yo,
me he vuelto a conocer
y te agradezco que desaparecieses así,
por ello.

Claro que me acordaré de ti,
de tu risa y de tu forma de hacerme reír,
de tus ganas inútiles de comerte el mundo
sabiendo que no todo es tan bonito como lo pintan;
me quedo con lo bueno
y te olvido en lo malo.
Llámame rara, pero prefiero guardarte
en buenos recuerdos,
en los, aparentemente, ausentes rincones de mí.

Tal vez te acuerdes de mi
y yo ya no esté;
o tal vez tú no y yo sí.
Sé que sigo siendo aquella valiente
llena de arañazos y cicatrices;
porque voy a pensar que no
cuando sí,
me refiero a seguir intentándolo,
a volver a romperme,
qué más da, ya llegará alguien que me reconstruya.

Se vive de sueños y esperanzas.
Estoy intentando engañarme con nuevas oportunidades;
qué más da lo que pasó, lo mejor está por llegar,
¡y yo no pienso dejar de buscarlo!

viernes, 24 de abril de 2015

Veintitrés de abril con impotencias.

Sentada en la cama y mi música de fondo. Un día de disfraces y ebriedad buscándonos como locos, como lobos... Entre tanta gente, nos encontramos aunque estaba todo a oscuras y ambos íbamos cegados por el alcohol, aún así nos reconocimos, y decidí poner fin a una etapa para echarle cojones a otra, contigo. Desaparecí sin dejar rastro hasta que tropezamos de nuevo. Te calé en el primer momento en el que me atreví a mirarte a los ojos. Tan inseguro como seguro a la vez, con una coraza impresionante intentando ocultar lo que de verdad eres... Quién sabe qué me hizo tener ese descaro para hablar de más y que tú sólo soltaras una sonrisa (ésa que devuelve las ganas de todo).
(te estoy echando de menos)
Puede ser que no creas en las casualidad, yo sí, y en ese momento fuiste una de las mejores (como el número en el portal). Me jode darme cuenta de cómo pueden cambiar las cosas, las casualidades, tan rápido; cómo el miedo puede descomponer a alguien por completo... No me digas que tú no has descubierto horizontes, conmigo, que hasta entonces creías imposibles. Confía en mí, te sigo porque creo que todavía hay algo. Arriésgate, como yo lo hice aquel día sin decir nada, aquel día y durante este pequeño tiempo. A pesar de los laberintos de los que hemos conseguido salir; qué más da si no es fácil, las mejores cosas no lo son; qué importa si discutimos de vez en cuando, la mejor parte de todas viene después sacando bandera blanca; qué importa si termina saliendo mal o acabamos mal, al menos, habremos disfrutado todo este tiempo y le habremos echado cojones juntos, porque ninguno podemos hacerlo por separados. No pienses que te dejo ir queriendo, si no para ver si así me echas de menos y vuelves, o yo que sé.

Pd: Quédate. Sonríeme. Porque mientras lo hagas nada parece tan malo.

domingo, 22 de marzo de 2015

Tóxico con garras.

No hay mayor odio que el que florece cuando sientes algo y no sabes el qué, sólo una simple sensación apática...

Me gusta abrir la ventana,
poner la poesía de sus labios a todo volumen
y sentir el 'insensible' aire gélido que entra por la ventana.
Me gusta sentarme y escribir porque duele,
y no me refiero a ti,
insinúo el tormento que dejaste con tus garras.
Abandonaste tu marca, tóxica.
Puedo recordar mil cosas,
a ti por ejemplo (aunque ya no tanto,
porque hace tiempo me di cuenta
de que eras agonía y no merecías crecer más en mi),
recuerdo la primera vez que nos vimos,
enanos,
y te desconozco en la última vez.
Puedo guardarte cariño pero no odio,
al menos ya no
porque aunque fueses vida
eres muerte...

Me despido desde lejos,
sin beso ni aviso;
me marcho y no volveré;
me separo,
porque ya no me reconozco;
me homenajeo,
por darme más oportunidades;
celebro el no tener miedo a penas,
y me desprendo del pasado
(guardando pequeños detalles
y algún que otro momento)
y de todo este cariño,
porque ahora
volverá a ser distante.

martes, 17 de febrero de 2015

No te odies por quererme, por querernos así.

No preguntes, ni contestes a nada de lo que empiece a pronunciar.
No sonrías sin razón, no vuelvas a sonreír por mí.
No te acerques, no te alejes mucho.
No disfrutes, no estés triste fuera de mí.
No me odies por quererte, no odies por quererme.

Tan sólo hazte a un lado y dejame volar como no lo hago desde hace tiempo, pero tampoco me dejes muy libre para perderme más de lo que me has perdido. Nacimos para luchar y nunca habia visto una lucha tan cruel como la nuestra. Que si duele jode, y si jode te rompe; yo ya no es que esté rota, estoy destrozada y sin remedio... Te has llevado todas mis fuerzas, ya no me quedan más para seguir construyendo momentos destructivos. Nos hemos caido, levantado; nos hemos dejado de hablar, no hemos podido estar sin hablar ni un segundo; nos hemos dejado, nos hemos dado mil oportunidades; nos hemos querido y, sobre todo, odiado... Explicame tú como bebo mis cervezas sin acordarme de dos mil ciento trece razones, sin acordarme de tu sonrisa, de tus dos hoyos marrones...; que si bebo es para ahogarme y sólo me atrae más a ti con una brutal resaca. ¿Ahora quién cuida mis espaldas? 

Que difícil es echar de menos algo que nunca has tenido, 
que difícil este amor tan imposible,
que difícil verte ir,
que difícil volver a escribirte,
que difícil el amor que te convierte en espia,
que difícil morirse de celos sin poder,
que difícil...

sábado, 3 de enero de 2015

Más cerca de volverme ignorante.

Tienes esa horrorosa manía de aparecer y desaparecer cuando te place; una sonrisa ignorante llena de magia, unas manías magnificas para sacarme de quicio y aún así decides, solamente, volverme loca. No me refiero a una locura esquizofrénica, me refiero a una perdida total de cabeza en las que el sentido desaparece, de las que es imposible recomponerse. Ese genial don tuyo, con el que amenazas con convertir todo de tu propiedad, como intentas conmigo. Eliges cada delicado instante para hacerlo grandioso e inolvidable. Haces maravillas con tan sólo observar, que no es lo mismo que mirar, a una persona, una pintura, un paisaje...
Piensalo, la racionalidad tiene que tener algo de magia, si no ¿cómo podríamos entendernos?