viernes, 23 de mayo de 2014

Me he encontrado tu roca por el camino.

Me he parado a observar el paisaje en una roca perdida en el camino. Hace frío, un frío extraño. Me dan escalofríos, oigo pajaros, el ruido producido por el viento en las hojas. Cierro los ojos, intento imaginarme que estoy lejos, lejos de ti, incluso del ruido de la ciudad. Es increíble, aún así pareces estar a mi lado, acariciandome, apartandome la melena de la cara, limpiandome las heridas con saliva; intentas hacer que todo se cure. Abro los ojos y desapareces, sólo queda la brisa primaveral, más bien de otoño. Que inoportuna. Un ruido de una rama me asusta, me altera por dentro. Veo una ardilla corretear por un árbol, me recuerda a tu manos subiendo desde mi rabadilla hasta mi última vertebra. Vuelve a producirme un escalofrío. Solía escribir en otros lugares contando tus lunares. He dicho solía, cambiar la rutina nunca viene mal. Tu siempre lo hacías y parecias feliz aunque por dentro estuvieses realmente roto. Hacías quemaduras como el sol, dejabas marcas y desaparecias entre la niebla de tu cigarro, simplemente había un beso en la frente y un "buenos días mi princesa". Cuidado que me hace rabiar esa palabra, "princesa", pero no, contigo era otra historia, era otro mundo. Pretendias perderte entre mis curvas. A veces, llegabamos a ser tan difíciles que ni el cobijo hecho por el pecho nos lograba hacer que nos quedasemos; o tú desaparecias o yo huía para no encoñarme más de lo debido. Bonito libro el nuestro. A pesar de ello, yo sigo aquí en la piedra donde huía cansada de todo, donde todo parece demasiado fácil, donde, aunque parezca imposible, siempre se encuentra solución dentro de uno mismo; qué quieres que te diga, me he cansado de huir y quiero que algo o alguien me haga quedarme (aunque sea sólo por un rato).

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