martes, 1 de abril de 2014

O vuelves o te vas.

Me dijeron que tus ojos eran infierno
infierno en primavera y en otoño,
de esos que nunca se cansan de mirarte fijamente
como si te vieran tu "yo" más profundo.

Viniste con caricias y sonrisas,
te fuiste con escusas y llantos,
volviste echando de menos
y con esos dos infiernos bien dispuestos a clavarse,
de nuevo.

Llegaste y te marchaste,
te quise y te odie,
nos fumamos y,
cuando hizo falta,
nos esnifamos los restos de perfume en cada almohada.

Ojalá estuviesen mis dudas resueltas,
mejor dicho mis deudas con tu sonrisa ante mis labios,
de tus palabras ante mi ilusión.

Dame la última calada y damela bien,
porque no creo que si te vuelves a ir
vuelva a esperarte.
Y yo aquí prefiriendo tu cuerpo antes que una ruta de cien kilómetros,
allá tú y tus caminatas por carreteras
parecidas a mis curvas
para recordarme.

Y si vuelves,
vuelve para derrumbar esta muralla
y quedarte para arreglar las cicatrices que dejaron palabras con complejos de cuchillas.

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